Morir, para empezar a vivir. Morir, para empezar a ser feliz. Morir, para renacer. Para resurgir de las cenizas, para resurgir del polvo, para resurgir de la Tierra. Eso es todo lo que deseo: vivir, ser feliz, renacer... Que mi cuerpo y mi mente emerjan con una nueva vida, con una nueva fuerza de entre las cenizas, de entre el polvo, atravesando la dura piel de la Tierra hacia el Cielo, hacia el aire, hacia la vida... Pero, ¿de dónde voy a sacar fuerzas? ¿de dónde sacaré la energía suficiente para que ello pueda hacerse realidad? Sin duda, de la Muerte, del Fin de la vida física, del letargo eterno, del´Más Allá. No sé si en realidad existe ese Más allá, no puedo saberlo, pero no dudo de su existencia... Siento que necesito cruzar al otro lado. Necesito dar ese tremendo paso que para mucha gente será el paso fatídico, pero que para mí representará la Salvación, la Paz, la Felicidad... Estoy segura de ello, sólo alcanzo a ver mi Paz y mi Felicidad al otro lado del río de la Vida. Mi Paz y mi Felicidad sólo serán mías cuando las personas a las que amo disfruten de esa Paz y de esa Felicidad que mi presencia física les está negando constantemente. Día tras día puedo sentir cómo mi cuerpo físico absorbe la alegría y el bienestar de toda la gente de mi alrededor, y por ello sé que sólo podré devolverles ese bienestar a través de mi ausencia terrenal. Mas mi decisión no debe causar tristeza... todo lo contrario... Mi espíritu, ese espíritu que sólo desea el Bien para los suyos, siempre estará aquí, junto a vosotros. Momento a momento mi alma os proporcionará las buenas cosas necesarias para que viváis felices, y alejaré de vosotros todas las penas que puedan acecharos. Pero sólo tengo una forma de conseguir mi objetivo, sólo tengo un camino para lograr que a mi gente no la envuelva más que la Alegría, la Paz, la Felicidad...Y ese camino es el que lleva directo al otro lado de la Vida, a la otra orilla del río de la existencia física. Yo sólo veo ese camino, no puedo divisar ninguna otra vía que me lleve a mi objetivo. Y mientras nadie pueda demostrarme lo contrario, deberé seguir por la única senda que distingo, por la única ruta que conduce a la Paz Extrema. Por todo ello siento que debo... Morir, para empezar a vivir. Morir, para empezar a ser feliz. Morir, para RENACER... ROSER |